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  • Foto del escritorMía Saan

¡Mmmmh... Los hombres!

Actualizado: 26 jun 2023


El Guapo


¿Se acuerdan de mi relato anterior? ¡En efecto! Se trata del mismísimo guapo que vi cuando llegué al desayuno de negocios.No es que no me haya dado su nombre, pero lo omito porque se trata de un empresario que me pidió anonimato.


Como les conté, cuando regresé a la mesa después de mi candente encuentro en los baños con el otro empresario llamado Isaac, El Guapo ya se había ido.


La reunión de networking continuó y yo me la pasé intercambiando tarjetas de negocios, miradas y sonrisas sugerentes, con los caballeros que como abejas a la miel se me acercaron para hablar conmigo, los escuchaba sin prestarles demasiada atención, pues en mi mente aparecían flashazos de mi escena en el baño y también la sonrisa del Guapo a quien me hubiera gustado conocer más.


Miré el reloj y ya casi era medio día. Me apresuré a salir disculpándome con mis interlocutores y pedí mi auto en el valet parking.

Todo el camino de regreso a la oficina me fui pensando en algún pretexto para escribirle. Al llegar tuve una idea y le mandé un mensaje: Hola, soy tu compañera de mesa del desayuno de hoy, qué lástima que te fuiste antes de que terminara el evento, se puso muy bueno al final.


Inmediatamente recibí su respuesta agradeciendo el buen gesto de escribirle. Continuamos chateando unos minutos sobre nuestras respectivas empresas y entonces vino la propuesta: ¿Te gustaría ver lo que hacemos en mi empresa? Si puedes te espero hoy en mi oficina ¿a las 3 te queda bien?


Antes de contestar revisé mi agenda y por fortuna estaba vacía para esa hora. Mis dedos teclearon un Ok, perfecto. A esa hora te veo, mándame la ubicación. El par de horas contiguas mi vulva siguió inquieta, caliente y muy mojada. Llegué puntual. Subí por el elevador y al abrirse las puertas, me encontré con sus ojos color miel y su sonrisa encantadora.


Me invitó a pasar al despacho y todo estaba en silencio, eché un vistazo y me di cuenta de que todos los cubículos estaban vacíos y él, al percatarse de mi curiosidad comentó que los viernes salían temprano todos los empleados y que justamente por eso me había citado a esa hora para no tener interrupciones. Entramos a su oficina que tenía un ventanal enorme con vista al Parque España, me invitó a sentarme frente a su escritorio, acomodó el monitor de su computadora para que yo pudiera ver y comenzó a hacerme una presentación muy profesional y formal de su negocio, pero era evidente su nerviosismo pues pasaba las diapositivas con mucha rapidez.


¿Qué te parece? ¿Crees que podamos hacer alguna alianza y conseguir clientes para ambos?, me preguntó a la vez que apagaba su monitor, un poco evadiendo mi mirada.

Súper interesante lo que haces y yo creo que sí podemos hacer una alianza, pero… sí sabes por qué vine ¿verdad?, le contesté.


Sonrió nervioso.


Ok. Me agrada la idea, entonces cuéntame de ti.


¿De verdad quieres hablar? le cuestioné en un tono travieso ¿Por qué no mejor me besas?


Me fui acercando hacia él por encima de su escritorio con destino a su boca, pero apenas sintió mis labios, se levantó de su silla y se pasó de mi lado para sentarme sobre el escritorio y comenzó a besarme. Con sus rodillas abrió las mías para colocarse entre mis piernas. Yo deslicé la cadera para quedar pegadita a su pelvis y poder sentir así su verga endureciéndose.


Estábamos ardiendo, ambos sumergidos en los besos y caricias como si se fuese a terminar el mundo. Sus manos hacían recorridos desesperados desde mis tetas hacia las nalgas, mientras yo le tocaba el falo por encima del pantalón. Me quitó la blusa y por unos segundos se quedó mirando fijamente por encima del brasier para luego llevar su boca hacia el escote, sacó uno de mis pechos y como un bebé hambriento comenzó a chupar mi pezón.


Le bajé la bragueta, liberé su verga del bóxer y comencé a acariciarla desde la base hasta la punta. La sensación de su boca en mi pezón y su verga en la mano provocó una inundación en la tanga que llevaba puesta. Le pedí que parara, me bajé del escritorio y me fui agachando para posar mis rodillas en la alfombra y mi cara quedó exactamente a la altura de su falo que firme esperaba la llegada de mi lengua. Por varios minutos me dediqué a lamerlo y acariciarlo con el único objetivo de provocarle esos gemidos de placer que acrecentaban mi fogosidad. Detuve el fellatio para ponerme de pie de espaldas a él y me bajé el pantalón empinando el trasero a modo de ofrenda.


¡Cógeme! Le dije casi suplicando, pero lamentablemente ninguno de los dos íbamos preparados con un condón, pero eso no nos detuvo para continuar con la pasión.


Regresé a mi posición y seguí comiendo su miembro hasta que expulsó sus fluidos entre gritos de placer, que se fueron directo a mi garganta.


Se puso de rodillas para quedar a mi altura y con sus manos puestas en mi nuca, me acercó para besarme con sabor a él.


Nos quedamos tumbados en la alfombra y entonces sí comenzamos a platicar. Me contó que su negocio anterior había sido una sex shop y hasta me dio una cátedra de los diferentes tipos de vibradores y dildos que existen.


Ya para despedirnos me llevó hacia un rincón donde había un archivero grande, abrió un cajón y me pidió que mirara hacia adentro. Me encontré con todo un arsenal de vibradores de todos tamaños y colores.


Me pidió que eligiera uno y que lo aceptara como regalo por el inicio de una amistad especial entre nosotros.



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